LOS MAPOYO: UN PUEBLO PATRIOTA
IGNORADO
Contrariamente a la creencia más generalizada, existen en el país pueblos y comunidades indígenas que en su momento estuvieron vinculados en mayor o menor medida con nuestras luchas independentistas de
comienzos del siglo XIX y hasta llegaron a tener contacto, bastante cercano
a veces, con los personeros más importantes del ejército patriota. En el caso
de los mapoyo, pueblo karibe ubicado en el estado Amazonas, muy
cerca del límite occidental del estado Bolívar, se conservan importantes
testimonios procedentes de una relación directa e íntima con el General
Páez y el mismo Libertador Simón Bolívar.
La zona de asentamiento propia de los mapoyo se encuentra en la faja
de sabana comprendida entre el caño Caripo y el río Villacoa –afluentes
del Orinoco Medio en su margen derecha– en el municipio Cedeño del
estado Bolívar. Ese lugar está situado a unos 60 kilómetros de la población conocida como La Urbana, que, de acuerdo con los escasos registros
históricos y etnográficos sobre esta sociedad, formaba parte del territorio
ancestral mapoyo . Espacialmente, dicha área presenta una forma
casi triangular y limita hacia el noreste con el río Suapure, al suroeste con el
Parguaza y por el oeste con el Orinoco. Es de lamentar
que en la actualidad el pueblo wánai –wánai es la autodenominación, pero
la población criolla local los conoce como mapoyo– está conformado por
una sola comunidad antiguamente llamada Caripo, y hoy día denominada
El Palomo, por habitar allí una población considerable de esta especie de
aves. El número aproximado de sus miembros se estima en 350 personas,
distribuidas en 55 familias ubicadas en las orillas de la Carretera Nacional
Ciudad Bolívar-Puerto Ayacucho.
En el presente, la mayoría de los wánai construyen sus casas en las llanuras pese a que la costumbre de sus ancestros era más bien levantar casas
comunales en las montañas. Aparte de existir algunas viviendas rurales en la edificación de la denominada churuata el cemento se ha introducido
como material de construcción, y la palma está siendo sustituida por acerolit. Las familias suelen constituirse en extensiva –organizada alrededor
de la línea paterna, tanto directa como colateral– o nuclear –fundada en los
progenitores y sus descendientes directos– encontrándose muchas de ellas
dispersas entre Villacoa y la vía hacia Morichalito. Respecto al matrimonio, es cada vez más frecuente la unión de wánai con criollos e indígenas
de otras etnias. Esto ha originado cambios importantes en la conformación
de la estructura familiar donde el modelo foráneo, cuando no se opta por
emigrar de la comunidad, termina imponiéndose.
La información concerniente a sus quehaceres económicos revela que
estos se basan en la agricultura de tala y quema, siendo ella, en cuanto
a los rubros alimenticios cosechados, casi idéntica a la realizada por los
criollos; es decir, se dedican a cultivar maíz, yuca, ñame, arroz, plátano,
caña de azúcar, cambur, piña, entre otros. Aun cuando la cacería y la pesca
se mantienen muy replegadas como actividades, los animales obtenidos a
través de ambas constituyen buena parte de su dieta diaria. Además suelen
criar gallinas, cerdos y ganado. Muchas familias han conservado el hábito
de preparar bebidas con las semillas provenientes de la gran variedad de
palmas típicas del lugar –jugo de moriche, seje, manaca, yaraki– y muy
pocas se dedican a la elaboración del casabe. No es de extrañar que por
ser el área una zona maderera, la comunidad se agrupe para trabajar en la
recolección y posterior venta de la madera. Los wánai también participan
en la recogida de la sarrapia, la cual venden a los criollos procedentes de
Ciudad Bolívar, Amazonas y otros estados. Lamentablemente, varios de
ellos se han visto forzados a trabajar esporádicamente en las empresas cercanas para devengar un salario, mientras otros deben ir hasta el pueblo de
Morichalito a ofrecer pescado y los productos de su siembra.
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